Estoy contigo, Deodoro

En "Palabras sobre los exámenes" (1930), Deodoro Roca, escribía: Exámenes a la vista: bolilleros, bolilleros, más bolilleros (...) El alumno acude con su número. No siempre saca premio. Hay que pasar de alumno a médico, a abogado, ingeniero. (...) Todo esto será tuyo si me respondes a estas preguntas, si tienes suerte con estas bolillas desde donde te miro. El alumno observa la irreal riqueza que se le muestra y entrega por ese falso botín su alma indefensa y simple. Lo humano, lo verdaderamente humano, sería irle apuntando, a lo largo de su vida y aprendizaje, qué cosas y qué ideas no parecen convenirle; qué cosas y qué ideas le serían de fácil adquisición. (...) El examen debiera quedar catalogado para siempre entre los juegos prohibidos, en defensa de la inteligencia". (...) "¡Menos loterías, señores profesores!", escribe. "Las verdaderas pruebas no deben cifrarse en las respuestas del discípulo sino en sus preguntas. De la desnuda y oportuna pregunta del discípulo debe inferirse su curiosidad, su capacidad, su aptitud, la calidad de su espíritu, su grado de saber y su posibilidad. La única relación legítima y fecunda que debe trasuntar un examen que aspire a salvarse, es la de un discípulo que pregunta y la de un ´tribunal´ que responde. ¡Son ustedes los que deben ´rendir´, señores profesores! Mientras eso no ocurra, se seguirán oyendo en escuelas, liceos, colegios y universidades las dramáticas y fatídicas palabras del ´croupier´ docente: ¡No va más!!!".

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